martes, 19 de abril de 2011

"Amistad Eterna"

Cuando nos conocimos nuestra relación se baso en ignorarse, rayando en la pesadez y la inmadurez propia de dos pseudo-adolecentes. A medida que te fui conociendo me comenzaste a encartar, a través de pequeños detalles y actitudes, pensando que la mujer a la cual tu eligieses sería tremendamente afortunada al tener a su lado y “caballero antiguo” como tú. Cada gesto, cada palabra, cada detalle me cautivo. Así pasamos de una relación de frialdad absoluta a una gran amistad, donde fuiste un real amigo, un “hombre amigo de una mujer”, sin existir un doblez en ello. Cada vez que estábamos juntos las horas se hacían cortas, deseando que fueran eternas para nunca separarnos.
Comencé a desear con todas mis fuerzas que me vieras como mujer, como pareja, como complemento; superando la etapa de la amistad. Que la mano que de pronto se encontraba con la mía fuese para siempre y no como una simple “casualidad”, que sólo tú y yo entendíamos.
Ese jueves fue mágico, no tenía nada novedoso, era como cualquier día en Talca, conversando miles de temas en común y disfrutando cada segundo junto a ti. Aquel abrazo fue maravilloso, sintiendo el latir de tu corazón junto al mío y cómo ambos se sintonizaban al compás de un tic tac. Quise dilatar al máximo ese abrazo maravilloso, sentirme protegida por tus brazos, como siempre me hiciste sentir.
Tus ojos verdes se encontraron con los míos y sólo con una mirada nos dijimos aquello que en tres años no fuimos capaces de transmitir con palabras, nos gustábamos mutuamente y esa respuesta me hizo la mujer más feliz del mundo.
Aquel instante lo imaginé mil veces en mi mente, idealizando cómo sería… fue simplemente perfecto, como nunca podría haber imaginado racionalmente.
Esa noche soñe sólo contigo, con unos nervios que apretaban mi estómago, preguntándome mil cosas, que al día siguiente fluirían en forma autómata de nuestros corazones.
Sin buscar mayores explicaciones a lo vivido juntamos nuestras vidas, llegando al amor inmenso que hoy siento por ti. Nuestras vidas se han unido para siempre y nadie las separará. Ante los ojos de Dios también espero unirlas y tener su bendición eterna, agradeciéndole cada día que me regala, día que paso junto a ti en alma y corazón.

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